Si como dijo Menéndez Pelayo, el mudéjar es "el único tipo de construcción peculiarmente español del que podemos envanecernos”, el mudéjar aragonés constituye la singularidad dentro de esta peculiaridad. Clara-mente diferenciado del resto de focos peninsulares, la escasez de piedra en el valle del Ebro y sus afluentes hicieron que el ladrillo se convirtiera en el protagonista y principal característica del mudéjar aragonés, ya que se emplea tanto como elemento constructivo como decorativo, peculiaridad también del mudéjar en la región es la aplicación de la cerámica a la arquitectura, ejemplarizada en muchas de sus torres e iglesias. Además, en Aragón se ha conservado un grupo de iglesias, con una singular decoración interior agramilada y pintada que configuran unos espacios interiores con fuerte personalidad propia. Son la mayoría de estas iglesias las que también comparten una tipología única que solamente se da en tierras aragonesas, la denominada iglesia-fortaleza. No obstante, lo anterior, serán las torres-campanario las que se conviertan en el principal símbolo del mudéjar en Aragón. Todas estas singularidades fueron el motivo de su declaración por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad, en 1986 y 2001.
Salida de Madrid por la A2 hacia tierras aragonesas. Llegada a CALATAYUD cuya historia se diluye en la Edad Antigua; todo apunta a que en origen fue un núcleo celtíbero, del que se han encontrado algunos vestigios en la zona de la judería, entre la Puerta de Terrer y el Castillo de Doña Martina. Aunque el origen de la capital del Jalón hay que buscarla en la fundación de la romana Bílbilis Augusta, en el siglo I. La falta de abastecimiento de agua, supuso que a partir del siglo III d.C. la ciudad estuviese prácticamente abandonada y su población se trasladase progresivamente al lugar donde se levanta la actual Calatayud. A partir del 714, con la llegada de los musulmanes, Calatayud cambió su fisonomía. En torno al castillo de Doña Martina nació el que con el tiempo será considerado como uno de los conjuntos fortificados islámicos más importantes que se conservan en España, compuesto por cinco castillos, el más importante de los cuales, el de Doña Martina, protegía la antigua morería y judería. El barrio cristiano creció a partir del momento en el que Alfonso I el Batallador tomase posesión de la ciudad, el día de San Juan del año 1120. Con los re-yes cristianos, la ciudad comenzó una nueva etapa en la que se llenó de iglesias, fundaciones religiosas y palacios, algunos de las cuales se perdieron en los tumultuosos siglos siguientes. Aún con todo, Calatayud cuenta todavía con un rico y singular patrimonio histórico artístico con reconocimiento a nivel internacional, como son por ejemplo la torre, ábside y claustro de la Colegiata de Santa María, uno de los seis monumentos que ejemplifican el arte mudéjar Patrimonio de la Humanidad. Almuerzo. Tras la comida, vamos a recorrer algunas de las localidades más representativas del mudéjar zaragozano. Nos dirigimos a ANIÑÓN, localidad ubicada al sur de la Sierra de la Virgen, en la orilla del arroyo del Fresno, en la ribera del Ribota. Es-tamos en una zona poblada desde antiguo, ya que se han descrito yacimientos de la Edad de Bronce que atestiguan la existencia de población cerca del actual casco urbano. Durante siglos sirvió de frontera entre Aragón y Castilla, por lo que en los frecuentes enfrentamientos entre ambos reinos, la localidad se vio muy involucrada. En la actualidad, Aniñón es tierra de buenos vinos y aceite aunque su fama se la otorga la Iglesia de Nuestra Señora del Castillo. El caserío se arremolina bajo su imponente silueta. Vamos callejean-do por él y de repente nos encontremos con una de las más espectaculares obras del mudéjar aragonés, el fabuloso hastial occidental de la Iglesia parroquial. El maravilloso muro occidental se decora con bandas de ladrillo en resalte y decoración de cerámica en los vanos ciegos de antiguas ventanas y rosetones, ofreciéndonos un maravilloso catálogo de decoración mudéjar que gana en cromatismo y belleza si se contempla cuando brilla y refleja los tonos tostados del atardecer. La torre es de planta cuadrada y su primer cuerpo presenta estructura de alminar hispano- musulmán. El retablo mayor, compuesto por 13 grupos escultóricos con escenas de la Pasión y los Misterios Gozosos, es otra obra maestra, de estilo renacentista y atribuido a Esteban de Obray y Gabriel Joly hacia 1525 / 1530. Continuamos viaje hacia CERVERA DE LA CAÑADA, rodeada por el espectacular paraje de los Castillos donde se encuentra la Cruz de Armantes, el paseo de los Moros y la cueva de Parra. Dominando el caserío de Cervera de la Cañada, majestuosa e imponente, se levanta la iglesia de Santa Tecla. Ocupa el espacio y restos del antiguo castillo de la villa desde el año de su construcción en 1426 por el maestro Mahoma Ramí. Quizá la singularidad de este edificio resida en el contraste entre su sobrio exterior y su espectacular interior. En la declaración por la UNES-CO del conjunto del arte mudéjar aragonés como Patrimonio de la Humanidad, éste se ejemplificó en seis monumentos singulares; uno de ellos fue la iglesia de Cervera de la Cañada. La austeridad de su fachada contrasta con su deslumbrante interior donde destacan sus yeserías góticas, la decoración floral y de dragones, el despliegue de colores de sus pinturas murales y exultantes frescos barrocos que dotan de una riqueza especial a la iglesia de Santa Tecla cuyos muros son un documento vivo. Nuestra última parada es TORRALBA DE RIBOTA,, pueblo agrícola y ganadero que alberga su magnífica iglesia fortaleza, una de las mejores del Mudéjar Aragonés, la iglesia de San Félix. Imprescindible, un templo bellísimo, impresionante, datado a mediados del siglo XIV, se sitúa en la parte alta de la población, en el recinto donde estuvo el castillo en época medieval. De hermosas fachadas, la auténtica sorpresa está en su interior. Es en ese espacio no muy grande, pero suntuoso, donde encontramos la explosión de color, la esencia auténtica y peculiar de lo que fue una iglesia mudéjar. Acostumbrados a ver los muros de las iglesias en tonos neutros y suaves, la decoración de San Félix de Torralba nos subyuga. Lo recubre todo: muros, bóvedas, paramen-tos, claves, arcos; y sin embargo no es recargada, sino sutil, delicada, maravillosa. Tras la visita, regresamos a Calatayud. Alojamiento.
Desayuno. Salimos hacia ANENTO, pintoresca localidad perteneciente al Campo de Daroca y situada en el Valle del Jiloca. Su principal atractivo es su castillo y la iglesia de San Blas. El castillo de Anento, se sabe que existía en 1357, cuando la aldea fue quemada por los castellanos, pero sin conquistar aquel, y que sirvió de refugio y resistencia contra otros ataques de los soldados castellanos de Pedro el Cruel. Ocupa un tozal de tierra rojiza en un bello paraje de pinares, pero las tormentas lo erosionaron y han acarreado el desplome del recinto, excepto el lado oriental, flanqueado por un foso que también sirve para desviar las aguas de lluvia. La iglesia de San Blas es una construcción románica del siglo XIII. Edificio de mampostería, con piedra sillar en los vanos y en los arcos, está cubierto a dos aguas con teja directamente sobre la bóveda. Con un espléndido pórtico gótico, en el siglo XVI se edificó el magnífico púlpito mudéjar con la-bores caladas en yeso, combinando estrellas y cruces. También en el mismo siglo se añadió el coro, cuya viga principal está tallada con trabajo de espiga y las bovedillas con relieves en yeso de tallos y uvas. Pintadas sus paredes al fresco en su totalidad, hoy sólo se conservan las del ábside y parte de la cabecera. Antes de mediados del siglo XIV se colocó un gran retablo pintado, obra del maestro Blasco de Grañén, dedicado a San Blas, Santo Tomás de Becket y la Virgen de la Misericordia. Es uno de los retablos góticos de mayores dimensiones e importancia de todo Aragón. Otros tres retablos del mismo autor, constituyen la mayor riqueza del templo. Continuamos nuestra ruta hacia DAROCA, centro rector y económico de la zona media del Jiloca. Fundada en las postrimerías del siglo VIII por árabes del Yemen que aportaron a estas tierras la religión del Islam y la cultura del cultivo de regadío. Siglos antes, en el angosto barranco que hoy ocupa la calle Mayor, hubo un poblado celtíbero. Ya en el siglo IX era una de las Medinas más importantes de la Marca Superior de Al-Andalus. Tras la conquista cristiana, se construyeron nuevos barrios y Daroca se convirtió en una zona fronteriza frente al Islam y Castilla, por lo que se rodeó de importantes murallas, hoy estupendas con más de 4 kms de extensión que encierran un rico patrimonio de iglesias, conventos y palacios. Debido al esplendor que tuvo la ciudad en épocas pasadas, Daroca también es conocida como la ciudad de los 7 sietes(7 iglesias, 7 conventos, 7 ermitas, 7 fuentes, 7 plazas, 7 puertas y 7 molinos). Por eso, Daroca, es una de las villas históricas de Zaragoza cuyo recorrido nos permite viajar al pasado, más concretamente a la Edad Media. Fue tierra de fronteras, un cruce de caminos entre Aragón, Castilla y Levante. Por ello, su cultura goza de una rica mezcla de religiones como la cristiana, la musulmana y la judía. Las huellas de cada una de ellas aún es visible en los diferentes barrios, como la judería o la morería. Los muros de su espléndida muralla, suben por la ladera y nos llevan hasta el antiguo castillo, que originariamente fue una alcazaba musulmana. Hoy, estas ruinas son un excelente mirador desde donde contemplar todo el pueblo. Las entradas principales de la antigua ciudad amurallada eran las puertas Alta y Baja, construidas en el siglo XVI, donde se alzan dos torres rematadas por almenas. La puerta Baja, además, antaño sirvió como desagüe, por ella bajaba el agua que se acumulaba de las tormentas. Aquí podemos visitar la fuente de los 20 caños, de 1939, y uno de los pocos ejemplos de fuente monumental que se conservan en Aragón. Ambas puertas nos llevan a la calle Mayor, donde podemos contemplar el palacio de los Luna y donde, en el mes de julio, se monta el mercado medieval que hace que podamos sumergirnos en los orígenes de Daroca. Muy cerca están también la casa de los soportales y algunos de sus edificios religiosos, como la basílica de Santa María de los Sagrados Corporales, excepcional muestra de la arquitectura gótica, donde está su popular órgano del siglo XV. Otros templos que merecen una visita son las iglesias de San Juan de la Cuesta, San Miguel y Santo Domingo, de estilo románico. Almuerzo. Tras la comida nos dirigimos a MALUENDA, ciudad monumental con un trazado del casco urbano de raíces árabe que se despliega bajo la protección del castillo de origen islámico del siglo IX y de su torre albarrana, conocida popularmente como El Palomar. Con sus templos, Maluenda muestra también que el arte mudéjar se impuso en todos los niveles sociales y fue asumido plenamente por la sociedad medieval aragonesa. Visitaremos las dos más importantes, la de las Santas Justa y Rufina, voluminoso templo bajo-medieval de los siglos XIV y XV constituido por un ábside poligonal unido a una amplia nave cubierta con crucería y capillas laterales abiertas entre los contrafuertes, a su vez abovedadas con medio cañón apunta-do. Y la estupenda iglesia de Santa María. Finalizada la visita, regresamos a Calatayud. Alojamiento.
Desayuno y salida para la localidad de Tobed en la provincia de Zaragoza, situada en una zona bastante montañosa, a la vera del río Grío. La población de Tobed perteneció a la Orden del Santo Sepulcro desde mitad del siglo XII, aunque como veremos, la actual iglesia mudéjar es obra de la mitad del siglo XIV (1356-1359) siendo finalizada a finales de esa centuria. La iglesia de la Virgen de Tobed (Iglesia de Santa María de Tobed) fue declarada Monumento histórico artístico (Monumento Nacional) en el año de 1931, siendo uno de los seis templos mudéjares zaragozanos destacados por la UNESCO como patrimonio de la Humanidad el 14 de diciembre de 2021, ampliando la nómina de iglesias mudéjares aragonesas (concretamente de la ciudad de Teruel) con este galardón concedido en 1986. Además, es uno de los mejores ejemplos de iglesia fortaleza de Aragón del siglo XIV. Fue mandada construir por los caballeros de la Orden del Santo Se-pulcro en 1356, en el contexto de la guerra entre las Coronas de Aragón y de Castilla a mediados del siglo XIV, contienda también conocida como Guerra de los Dos Pedros (Pedro I de Castilla y Pedro IV el Ceremonioso de Aragón). Dicha edificación contó con el mecenazgo del citado monarca Pedro IV de Aragón, el arzobispo de Zaragoza, Lope Fernández de Luna y el pontífice Benedicto XIII, más conocido como el Papa Luna. La construcción contó con los mejores maestros mudéjares del momento como Mahoma Calahorri y Mahoma Rami. El hecho de ser un templo construido para vigilancia y defensa de la localidad se traduce en una arquitectura compacta y robusta, aunque ello no es óbice, de que cuente con una sobresaliente decoración mudéjar de la fachada realizada con encajes de ladrillos en resalte y azulejería de cerámica vidriada. Interiormente se estructura en torno a una nave única cubierta con bóvedas de crucería en la que destacan los agramilados y yeserías decorativas, así como su alfarje decorado con pintura gótica. Cuando se entra en el interior nos encontramos con un gran espacio diáfano de gran belleza y monumentalidad puesto que sólo dispone de una muy amplia y elevada nave alargada que finaliza en una cabecera dirigida al nordeste formada por tres ábsides rectangulares. Tras la visita, almorzaremos. Saldremos, después, hacia ATECA, nuestra última parada. Ateca es la segunda localidad en población de la comarca de Calatayud. Y se encuentra estratégicamente situada en la confluencia de los ríos Manubles y Jalón, estando documentada su existencia en época islámica, de la que conserva importantes características en su urbanismo, tales como callejones sin salida o pasajes cubiertos. Su casco antiguo también conserva indicios de la muralla medieval, manteniéndose en pie tres de las cuatro puertas que le daban acceso. Presiden el conjunto las torres mudéjares de Santa María (s. XIII) y del Reloj (s. XVI), que aportan su característico aspecto. El castillo de Ateca pertenecía a los Banu Timlat, aunque fue ocupado por el Cid en su camino al destierro, y fue incorporado definitivamente al Reino de Aragón en 1120 por Alfonso I el Batallador tras la batalla de Cutanda. Allí nos espera la torre mudéjar de Santa María, una de las manifestaciones más primitivas y bellas del mudéjar de Zaragoza y Aragón. Es obra medieval de la segunda mitad del siglo XIII. Presenta una espectacular decoración mural. De abajo a arriba podemos observar: arquerías murales con arcos de herradura apuntados, relieves formando aspas, ladrillos paralelos colocados en espigas, frisos de esquinillas, fustes cerámicos verdes y mielados. Todo adornado con abundantes bandas de platos de cerámica de diversos colores. Pero en Ateca hay más edificios destacables que se descubrirán, si se pasea por su casco urbano, lo que recomendamos vivamente porque conserva todo su sabor. Tras la visita, regresamos a MADRID. Llegada a la capital y FIN DE NUESTROS SERVICIOS